La Doctrina Social de la Iglesia está firmemente arraigada en nuestra cultura social y política. El mayor Movimiento Político y Social de Occidente basó muchos de sus principios de la gran revolución social gestada a partir del 4 de junio de 1943 en esta Doctrina, lo mismo que, a través, de Arturo Sampay, plasmó en la Constitución Nacional de 1949 muchos artículos en defensa del trabajo, la niñez y la ancianidad, siguiendo sus preceptos.
La religiosidad popular es intrínseca a la cultura de nuestro Pueblo, y en nuestro Blog no pueden faltar ni las referencias a ella, ni a los trabajos y documentos que nos acerquen los amigos y compañeros de la Pastoral Social.
Con un oído en Dios y otro oído en el Pueblo...
El Equipo Diocesano de Pastoral Social, creyó oportuno acercar a los hermanos y hermanas de las comunidades de nuestra diócesis de Merlo-Moreno algunas reflexiones sobre el proyecto de ley de Reforma Laboral, con el único deseo de colaborar en el conocimiento de cuestiones de gran importancia para nuestro pueblo trabajador. Como siempre, nos ayudamos con la lectura de la Doctrina Social de la Iglesia y la Palabra de Dios, siendo siempre nuestras fuentes.
Creemos que es clara la necesidad de una reforma laboral que, en atención a los signos de estos tiempos, contribuya a una mejor armonía entre el capital y el trabajo, aportando a un modelo de nación soberano, con plena justicia social y desarrollo económico.
La pregunta es si esta es una reforma laboral que busca la adecuación a los nuevos tiempos, nuevas tecnologías, nuevas modalidades, o si tiende al desconocimiento y eliminación de derechos obtenidos en el mundo del trabajo. Percibimos que este proyecto de reforma desconoce el rol del Estado como regulador de las relaciones entre el capital y el trabajo, el cual es necesario para equiparar la notoria desigualdad de fuerzas de esa relación y garantizar los derechos plenos del trabajador. La perspectiva sobre las relaciones laborales es buscar superar el conflicto entre el capital y el trabajo, proponiendo una alianza basada en la justicia y la solidaridad.
No basta el simple acuerdo entre las partes si la necesidad o el miedo del trabajador lo fuerzan a aceptar condiciones injustas. Se trata de una legislación tan importante y de tanta relevancia, que ponemos en duda que haya contado con los debidos tiempos, consulta y participación de todos los sectores involucrados.
Se legisla a contramano de las tendencias actuales de países como Brasil o México, que toman decisiones que contribuyen a mejorar las condiciones laborales, garantizar pleno empleo registrado y favorecer el desarrollo industrial del país. No podemos resignarnos a aceptar que nuestro país debilite o anule los derechos que como pueblo tanto nos costó conquistar, proponiéndonos solo el camino del “Sálvese quien pueda”.
Por esto nos preguntamos ¿Cuál es la necesidad de esta reforma laboral en momentos en que el País sufre una crisis económica y social, que se traduce en aumento de la desocupación, cierre de industrias, despidos masivos, aumento de la informalidad laboral, bajo consumo y aumento de la pobreza, aunque los falsos datos del INDEC digan lo contrario? Por otra parte, nos parece importante que se conozcan algunos puntos centrales de esta reforma laboral:
ALGUNOS PUNTOS CLAVE SOBRE LA REFORMA LABORAL
Finalmente, queremos recordar algunas referencias del Magisterio Social de la Iglesia sobre este tema. Seguramente es la Iglesia la que ha sido más clara y contundente a la hora de afirmar la dignidad que otorga el trabajo, su influencia en la vida de las familias y su prioridad sobre el capital.
“No podemos olvidar la perspectiva divina de participar en la obra de la creación, que confiere a todo esfuerzo humano su justo sentido y dignidad (…). Por doquier, en nombre de las leyes del mercado se olvidan los derechos del hombre. Acontece, por ejemplo, cuando se sostiene que los beneficios económicos justifican la pérdida del trabajo para personas que, además del trabajo, pierden la posibilidad de mantenerse a sí mismos y a su familia. Acontece también cuando, para aumentar la producción, se niega al trabajador el derecho al descanso, al cuidado de su familia y a la libertad de programar su vida diaria. Acontece también cuando la paga no corresponde al esfuerzo (Juan Pablo II, 14/6/1999). “Conviene subrayar y poner de relieve la primacía del hombre en el proceso de producción, la primacía del hombre respecto de las cosas. Todo lo que está contenido en el concepto de «capital» —en sentido restringido— es solamente un conjunto de cosas. El hombre como sujeto del trabajo, e independientemente del trabajo que realiza, el hombre, él solo, es una persona. Esta verdad contiene en sí consecuencias importantes y decisivas” (Laborem exercens,12.1981).
“Pero lamentablemente el trabajo es a menudo rehén de la injusticia social y, más que ser un medio de humanización, se convierte en una periferia existencial” (Papa Francisco, enero,2022). “Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 53). “En el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni en el capital, ni en las fuerzas del mercado, ni en el lucro, sino en la persona, la familia y su bienestar, a los que todo lo demás está subordinado” (Papa León, diciembre 2025). “Ten piedad de tu pueblo Señor; no entregues tu heredad al oprobio ni a las burlas de los pueblos” Joel 2.17
Pastoral Social Merlo - Moreno
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