José de San Martín: El político, el diplomático y el defensor de la soberanía
José de San Martín nació un 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, territorio hoy de la provincia de Corrientes, entonces era una Gobernación de las Misiones Guaraníes del Virreinato del Río de la Plata. Para la historia oficial su madre fue Gregoria Matorras y su padre el Teniente Gobernador Juan de San Martín; para la otra historia, la no "oficial", el "indio", como era conocido despectivamente por sus adversarios, era hijo del Capitán de Navío Diego de Alvear y una india guaraní llamada Rosa Guarú, quien lo crío mientras José vivió en la tierra que lo vio nacer. Así como no conocemos esta parte de la historia tampoco conocemos la del hombre político notable que fue. Lamentablemente su hija cometió el grandísimo error de entregarle todos sus archivos, cartas y documentos, al nefasto de Mitre, el falseador más grande de nuestra historia, ferviente rivadaviano, y un hombre económica y políticamente comprometido con los enemigos de la Patria.
Al San Martín político y al que vivió en Europa lo tuvimos que reconstruir por otras fuentes, y no por su copiosa correspondencia y documentación. ¿Recuerdan cuando Vladimir Putin le regaló una carta de San Martín a CFK que compró en una subasta en New York? ¿Qué otros papeles hay "perdidos" del Gran Capitán"? Era una carta original de San Martín a O'Higgins, en la que se lamenta por la ingratitud que recibieron ambos por los pueblos que liberaron, y que había sido robada en Santiago de Chile en 1981 de un lote completo de correspondencia entre ambos Libertadores.
Como político San Martín era tan eficaz y astuto estratega como el militar que fue. Siempre al servicio de su Patria, cuando su Patria quiso ser libre y no colonia. El libertador también defendió a su Patria con la pluma cuando fue útil y necesario. Mucho más útil y necesario que su espada, que como bien sabemos, anciano y todo la puso al servicio de la Confederación sin pretensión de rango ni privilegio.
Es fácil pensar en José de San Martín como el estratega militar, el conductor de ejércitos que cruzó los Andes para liberar a medio continente. Sin embargo, detrás del sable, del uniforme y de las campañas épicas, existió un hombre profundamente político en el sentido más amplio del término: alguien que reflexionó sobre la libertad, la organización de los pueblos y el destino de las nuevas repúblicas. Y, sobre todo, un hombre que, incluso retirado de la vida pública, siguió sirviendo a su patria desde la distancia con una lealtad que nunca se quebró.
Entre los episodios menos difundidos de su vida se encuentra su apoyo diplomático al gobierno del brigadier Juan Manuel de Rosas durante el bloqueo anglo-francés a la Confederación Argentina (1838–1840 y 1845–1850). Ese respaldo, expresado desde su residencia en Europa, revela un costado del Libertador que vale la pena recuperar: el del estadista que, aun lejos del campo de batalla, entendió que la defensa de la soberanía era una causa que trascendía nombres, partidos y rencores.
Un hombre guiado por principios
San Martín no fue un político partidario en el sentido moderno. Él siempre se definió como del "Partido Americano". Sus ideas se movían en torno a algunos ejes firmes: la libertad de los pueblos, la unidad interna, la autoridad legítima y la defensa de la Soberanía frente a cualquier potencia extranjera. Su célebre frase "Seamos libres, lo demás no importa nada" no fue un arrebato romántico, sino la síntesis de su pensamiento: sin Libertad, sin Soberanía no hay proyecto posible.
Ese principio lo acompañó en cada decisión. Lo llevó a renunciar al mando del Ejército Libertador cuando comprendió que su presencia podía dividir a los patriotas. Lo llevó a retirarse de la política interna para no ser instrumento de facciones cuando volvió y se negó a desembarcar en Montevideo después de que la espada sin cabeza (como llamaba a Lavalle) fusilara a Dorrego, e iniciara un periodo de anarquía y fuerte disputa entre unitarios y federales. Y lo llevó, años después, a apoyar a Rosas en un momento crítico, no por afinidad personal o ideológica, sino porque entendía que la Soberanía argentina estaba en juego.
El sable que no se alza contra hermanos
Otra frase que ilumina su pensamiento es aquella que escribió en su testamento político: "El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, será entregado al general de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una prueba del aprecio que le profeso por su constancia y patriotismo con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros."
Ese gesto, que algunos interpretan como un símbolo político, fue ante todo una declaración ética. San Martín había prometido que "el sable del general San Martín nunca se desenvainará contra sus hermanos", y cumplió. No participó en guerras civiles, no tomó partido en luchas internas y no permitió que su figura fuera usada para legitimar enfrentamientos entre argentinos. Pero cuando la amenaza venía de afuera, cuando potencias europeas pretendían imponer condiciones a la Confederación, su posición fue clara: "cuando la Patria está en peligro todo está permitido, menos no socorrerla".
El contexto del bloqueo: una Argentina bajo presión
Para comprender la importancia del apoyo sanmartiniano, es necesario recordar el escenario. A mediados del siglo XIX, Francia y el Reino Unido —dos de las potencias más influyentes del mundo y las dos Armadas más poderosas del mundo— impusieron bloqueos navales a la Confederación Argentina. Las razones combinaban intereses comerciales, disputas diplomáticas y la intención de influir en la política interna del Río de la Plata.
El bloqueo no solo afectaba el comercio: era un intento de condicionar la soberanía nacional. Rosas, como encargado de las relaciones exteriores, asumió la conducción del conflicto. Su postura firme frente a las potencias europeas generó tensiones internas, pero también despertó adhesiones inesperadas, entre ellas la del propio San Martín.
San Martín en Europa: un observador atento, un zorro astuto.
Retirado en Francia, San Martín seguía con atención las noticias del Río de la Plata. Aunque vivía modestamente y alejado de la vida pública, mantenía correspondencia con amigos, diplomáticos y figuras políticas de manera fluida. Su mirada sobre los acontecimientos era la de un hombre que había dedicado su vida a la independencia y que no podía permanecer indiferente ante una nueva amenaza externa.
En cartas privadas expresó su preocupación por el bloqueo y su convicción de que Rosas estaba actuando correctamente al resistir las presiones. Para San Martín, la defensa de la Soberanía no era negociable. Y veía en la actitud del gobierno argentino una continuidad de la lucha que él mismo había iniciado décadas atrás.
El apoyo diplomático: una voz respetada en Europa
Aunque no ocupaba cargos oficiales, San Martín tenía prestigio internacional. Su nombre era conocido en círculos políticos y militares europeos. Por eso, su opinión tenía peso. Durante el bloqueo, intervino de diversas maneras:
- Defendió públicamente la posición argentina ante diplomáticos y personalidades europeas.
- Escribió cartas en las que explicaba las razones de la Confederación y cuestionaba la legitimidad del bloqueo.
- Intercedió ante figuras influyentes para evitar que la imagen de Argentina fuera distorsionada.
- Respaldó moralmente a Rosas, enviándole mensajes de apoyo y reconociendo su firmeza frente a las potencias.
- Aconsejó el no pago de la Deuda: conocedor del espíritu de los bonistas europeos y su influencia en sus respectivos parlamentos y gobiernos, aconsejó a Rosas que dilatara, demorara, interrumpiera el pago de los bonos, so pretexto que le era imposible dado el bloqueo recaudar con la Aduana y cumplir con sus obligaciones como era la intención del Gobierno de Buenos Aires. Una de las principales, sino la más, que provocó el levantamiento del bloqueo.
Su intervención no fue ruidosa ni espectacular. Fue, más bien, un trabajo silencioso, coherente con su estilo. Pero tuvo impacto. En un momento en que la Confederación estaba aislada, la voz del Libertador actuó como un contrapeso moral y político.
Un gesto que trasciende nombres
El episodio más simbólico de este apoyo fue la decisión de legar su sable a Rosas. Ese sable no era un objeto cualquiera: era el símbolo de la independencia sudamericana. Al entregarlo, San Martín estaba diciendo que la defensa de la soberanía argentina en el siglo XIX era una continuación de la gesta emancipadora.
No se trataba de un respaldo a un partido o a una facción, sino a un principio: la autodeterminación de los pueblos. San Martín veía en la resistencia al bloqueo una causa nacional, no personal. Y actuó en consecuencia.
Un libertador que también fue diplomático
La figura de San Martín suele asociarse al campo de batalla, pero su actuación durante el bloqueo muestra otra faceta: la del diplomático. No un diplomático de carrera, sino uno movido por convicciones profundas. Su intervención demuestra que la defensa de la Patria no siempre requiere uniformes ni ejércitos; a veces, basta con una palabra oportuna, una carta bien dirigida o un gesto simbólico. La carta que dirigía a un amigo y se filtró "convenientemente" en el Parlamento Inglés, en la cual explicaba estratégicamente porqué Buenos Aires y la Confederación era imposible de ser ocupada de manera exitosa, y era una empresa cara e inútil, decidió el retiro de Inglaterra del bloqueo de manera unilateral.
En este sentido, San Martín encarna una idea amplia de patriotismo: no el patriotismo declamado, sino el que se ejerce con responsabilidad, prudencia y visión histórica. Su apoyo a Rosas fue un acto de coherencia con su trayectoria y con su pensamiento político.
Ideas políticas: moderación, orden y libertad
Aunque San Martín evitó involucrarse en disputas internas, dejó claras sus ideas en múltiples escritos. Creía en:
- La libertad como valor supremo, pero acompañada de orden y estabilidad.
- La autoridad legítima, necesaria para evitar la anarquía.
- La unidad nacional, condición indispensable para el progreso.
- La soberanía, entendida como la capacidad de un pueblo para decidir su destino sin injerencias externas.
Estas ideas no encajan fácilmente en categorías políticas actuales, y no deben forzarse. Eran las ideas de un hombre formado en el mundo hispánico del siglo XVIII, influido por la Ilustración, la experiencia militar y la realidad de las guerras de independencia.
Un legado que invita a reflexionar
El apoyo de San Martín a Rosas durante el bloqueo anglo-francés es un episodio que invita a pensar la historia argentina desde una perspectiva más amplia. Muestra que la defensa de la soberanía fue un valor compartido por figuras muy distintas entre sí. Y recuerda que la independencia no fue un hecho aislado, sino un proceso largo, lleno de desafíos internos y externos.
También revela la coherencia de San Martín: un hombre que, incluso en el exilio, siguió actuando según sus principios. No buscó protagonismo, no pidió recompensas, no pretendió influir en la política interna. Simplemente hizo lo que creía correcto.
Un San Martín más humano y más completo
Recuperar este episodio permite ver a San Martín en toda su complejidad. No solo como el héroe militar, sino como el ciudadano comprometido, el pensador político, el diplomático improvisado, el patriota que nunca dejó de serlo. Su vida demuestra que la grandeza no se mide solo por las batallas ganadas, sino también por la coherencia entre las ideas y las acciones.
Y quizás por eso su figura sigue siendo tan poderosa. Porque encarna valores que trascienden épocas: la libertad, la unidad, la soberanía, la moderación, la responsabilidad. Valores que, en tiempos de incertidumbre, siguen siendo faros.